Hay historias que demuestran que nunca es tarde para empezar de nuevo. La de José Bargas es una de ellas. A los 64 años, después de décadas detrás del mostrador de su tradicional kiosco en Eduardo Castex, decidió dar un giro a su vida y concretar algo que siempre había deseado: tener su propia parrilla.
El destino elegido fue Colonia Barón, una localidad que lo recibió con los brazos abiertos y donde, en menos de dos meses, logró convertir su emprendimiento en una propuesta gastronómica que atrae visitantes de diferentes puntos de La Pampa y de provincias vecinas.
“A los 64 años me quise dar el gusto de cumplir un sueño, que es tener mi propia parrilla, y lo pude lograr allá”, contó José a El Castense, todavía sorprendido por la repercusión que alcanzó su iniciativa en tan poco tiempo.

Un cambio de vida y un desafío personal
Durante buena parte de su vida, José estuvo ligado a una de las actividades comerciales más tradicionales de Eduardo Castex. Su kiosco fue un punto de encuentro para generaciones de castenses, un lugar donde no solamente se compraban productos, sino también se compartían conversaciones, anécdotas y momentos cotidianos.
Ese comercio le permitió construir su futuro, formar su familia y acompañar el crecimiento de sus dos hijas.
“Yo con el kiosco no me puedo quejar porque pude darle estudio a mis dos hijas, pude terminar mi casa, tener mi auto y que todos me conozcan. ¿Quién no ha venido alguna vez al kiosco del José?”, recordó.
Sin embargo, los años fueron pasando y el desgaste de la actividad comercial comenzó a sentirse. Lejos de pensar en retirarse definitivamente, decidió apostar por algo completamente diferente.
“Fue todo un desafío. No lo hace cualquiera. Yo así, de una, cerré el negocio y me fui a Barón. Nunca pensé que esto iba a tener semejante repercusión”, expresó.

Una parrilla que comenzó a hacerse conocida en toda La Pampa
“La Parrilla de José” funciona en Don Bosco 1499, esquina España, en un inmueble histórico de Colonia Barón que fue remodelado y acondicionado para recibir a los comensales.
El salón cuenta con una ambientación realizada personalmente por José, una amplia cocina y una parrilla a la vista, que constituye uno de los principales atractivos del lugar.
La propuesta se destaca por su abundante mesa de fiambres, las carnes asadas y una atención personalizada que busca que cada visitante disfrute de una experiencia que vaya más allá de sentarse a comer.
En apenas nueve o diez fines de semana de actividad, el establecimiento comenzó a recibir comensales de Santa Rosa, General Pico, Eduardo Castex, Winifreda, Quemú Quemú, Catriló, Toay, Intendente Alvear, Victorica, Anguil y Lonquimay, entre otras localidades.
También llegaron visitantes de Pehuajó, Trenque Lauquen y otros puntos de la provincia de Buenos Aires.
José asegura que la respuesta superó ampliamente sus expectativas y que el boca a boca, junto con la difusión de videos en las redes sociales, fue fundamental para dar a conocer el emprendimiento.
Incluso comentó que una radio de Santa Rosa se interesó por su historia y por la repercusión que había alcanzado su parrilla en tan poco tiempo.
“Hoy estamos instalados como uno de los mejores restaurantes y parrillas de La Pampa”, afirmó con orgullo, al describir la recepción que viene teniendo su propuesta.

Gastronomía, música y espectáculos en vivo
Una de las particularidades de “La Parrilla de José” es que la experiencia gastronómica se complementa con espectáculos musicales, principalmente los sábados por la noche.
En sus primeras semanas pasaron por el escenario diferentes artistas, entre ellos Isabel Palma, Eduardo Montesino, Indio Muñoz, Juan Ponce y otros intérpretes de la región.
La combinación de buena comida, música y un ambiente familiar se convirtió en una de las características distintivas del establecimiento.
El funcionamiento se organiza mediante reservas, lo que permite preparar el servicio de acuerdo con la cantidad de asistentes.
Detrás de cada jornada hay también un importante trabajo en equipo. José explicó que la actividad requiere habitualmente de siete u ocho personas, entre personal de cocina, atención y organización.
Además, una parte importante de los trabajadores es de Colonia Barón, mientras que otros colaboradores viajan desde Eduardo Castex.

El agradecimiento a Colonia Barón
Más allá del éxito comercial, José destaca especialmente el vínculo que construyó con la comunidad que lo recibió.
“La gente de Barón me recibió con los brazos abiertos. Es el Castex de hace 35 o 40 años, donde te saludan todos, donde todavía podés dejar la bicicleta afuera”, describió.
Ese acompañamiento también se refleja en una decisión que tomó desde el comienzo: comprar buena parte de los insumos en la propia localidad.
La carne, las verduras y otros productos utilizados en la parrilla son adquiridos a comercios de Colonia Barón, como una forma de retribuir el apoyo que recibió.
“Yo compro mucho allá porque les estoy devolviendo un poco también lo que ellos me brindan a mí”, explicó.
De esta manera, el emprendimiento no solamente representa un proyecto personal, sino también una actividad que genera empleo y movimiento económico en la comunidad.
Mucho más que un emprendimiento: una forma de volver a empezar
La historia de José también tiene un costado profundamente humano.
Tiempo atrás atravesó situaciones de inseguridad muy difíciles en Eduardo Castex. En una de ellas sufrió una grave agresión con arma blanca que marcó su vida y afectó su tranquilidad.
Aquellas experiencias provocaron que durante un tiempo se refugiara en su casa y redujera considerablemente su vida social.
La apertura de la parrilla significó, en ese sentido, mucho más que la posibilidad de cumplir un objetivo comercial.
“Esto me ayudó mucho en lo psicológico. Me abrió la cabeza a charlar con la gente. Les pregunto cómo comieron, voy mesa por mesa. Me hizo bien”, relató.
Hoy disfruta del contacto permanente con los clientes, de recibir visitantes y de compartir cada noche con quienes eligen su establecimiento.
El esfuerzo, de todas maneras, es importante. Los días de espectáculos pueden extenderse hasta las cuatro de la madrugada y luego debe regresar a Eduardo Castex, donde continúa viviendo.
“Yo sigo viviendo en Castex, obviamente, porque quiero Castex, porque amo Castex, porque tengo mi casa acá y porque lo llevo en la sangre”, aseguró.

La emoción de recibir a los castenses
Aunque el establecimiento recibe visitantes de numerosas localidades, José reconoce que todavía son pocos los vecinos de Eduardo Castex que se acercaron a conocer su parrilla.
Y admite que cada vez que eso ocurre siente una emoción especial.
“Cada vez que va uno de Castex yo me emociono mucho, porque se van satisfechos. Los que fueron han venido muy contentos, y está cerquita, a unos 40 minutos de acá”, expresó.
Para él, el reconocimiento obtenido fuera de su ciudad representa una satisfacción, pero no modifica el cariño que conserva por el lugar donde desarrolló gran parte de su vida.
En cada conversación vuelve a aparecer Eduardo Castex, su gente, sus recuerdos y aquel kiosco que durante tantos años formó parte de la vida cotidiana de la localidad.

Nunca es tarde para cumplir un sueño
José Bargas no sabe cuánto tiempo estará al frente de su parrilla. Tampoco parece preocupado por hacer planes demasiado lejanos.
Su objetivo es disfrutar del presente, seguir ofreciendo una buena propuesta gastronómica y aprovechar esta nueva etapa de su vida.
“No es que me quiera llenar de plata. Tengo 64 años y lo que hice fue una cosa de loco, muy poca gente lo hace a esta edad. Pero salió la oportunidad”, reflexionó.
Y resumió su filosofía con una frase que define perfectamente este momento: “Siempre tratando de renovarme. Tratando de no envejecer mirando televisión”.
A menos de dos meses de haber encendido por primera vez el fuego de su propia parrilla, José encontró en Colonia Barón mucho más que un lugar para trabajar: encontró un nuevo motivo para levantarse cada día, relacionarse con la gente y disfrutar de lo que hace.
Una historia que demuestra que los sueños no tienen fecha de vencimiento y que, a veces, animarse a comenzar de nuevo puede convertirse en una de las decisiones más importantes de la vida.
