Eduardo Castex, La Pampa sábado, 5 de septiembre de 2026

Damas de Beneficencia: casi un siglo de solidaridad que quedó escrito en la historia de Castex

Durante generaciones, mujeres de Eduardo Castex dedicaron tiempo, esfuerzo y compromiso a una institución que estuvo presente en momentos fundamentales de la vida del pueblo. Las Damas de Beneficencia participaron de los primeros pasos de la atención sanitaria local y, durante décadas, estuvieron estrechamente vinculadas al Hogar de Ancianos. En 2026, aquella extensa historia llegó institucionalmente a su final.

Hay instituciones que forman parte de un pueblo mucho antes de que buena parte de sus actuales habitantes hayan nacido. Sus nombres aparecen en documentos antiguos, fotografías, recuerdos familiares y relatos que pasan de una generación a otra. La Asociación Damas de Beneficencia fue una de ellas.

Su presencia puede rastrearse documentalmente hasta la década de 1920 y su trayectoria estuvo atravesada por una característica que se mantuvo durante décadas: el trabajo solidario de mujeres castenses que decidieron organizarse para ayudar a quienes más lo necesitaban.

El 31 de julio de 2026, una Asamblea Extraordinaria resolvió formalmente la disolución de la Asociación. María Angélica Rebollo y Gloria Maris Ripi fueron designadas liquidadoras para llevar adelante el procedimiento correspondiente.

La decisión cerró institucionalmente una historia de prácticamente un siglo, pero también invita a volver la mirada hacia todo lo que significaron las Damas de Beneficencia para Eduardo Castex.

Cuando la salud de Castex también dependía de la solidaridad

Uno de los capítulos más importantes de aquella historia se escribió durante la década de 1930, cuando la atención sanitaria en la localidad todavía estaba dando sus primeros pasos.

Las Damas de Beneficencia adquirieron con recursos propios un inmueble que había pertenecido a la familia Nervi y en el que anteriormente había funcionado un hotel. En ese lugar comenzó a funcionar, el 1 de junio de 1936, una Sala de Primeros Auxilios.

Aquella iniciativa tuvo una enorme importancia para un Castex muy diferente al actual. La población crecía y contar con un espacio donde recibir atención representaba una necesidad cada vez mayor.

Con el tiempo, el edificio quedó chico y comenzaron las gestiones para contar con instalaciones más amplias. Las Damas también participaron de ese proceso que desembocaría años después en otro acontecimiento trascendental: la inauguración, el 9 de mayo de 1948, del Hospital Rural, antecedente del actual Hospital Dr. Pablo F. Lacoste.

Por eso, hablar de las Damas de Beneficencia no significa solamente recordar una institución dedicada a realizar actividades solidarias. También significa recorrer una parte de la propia historia de la salud pública castense.

El Hogar de Ancianos, una historia de varias generaciones

Con el paso de los años, el nombre de las Damas de Beneficencia quedó especialmente relacionado con otro lugar profundamente conocido por los vecinos: el Hogar de Ancianos de calle Italia 1036.

Durante décadas, distintas generaciones de mujeres pasaron por las comisiones de la Asociación y trabajaron para sostener el establecimiento, destinado principalmente a adultos mayores que necesitaban alojamiento y asistencia.

Mantenerlo funcionando requería un esfuerzo permanente. Las cuotas de los socios, las donaciones de particulares y el acompañamiento de comercios e instituciones fueron fundamentales. Pero también hubo innumerables actividades destinadas a reunir fondos.

Dentro de esa memoria colectiva quedaron, por ejemplo, los recordados “Clásicos Solidarios” entre Racing y Estudiantil, donde la rivalidad deportiva quedaba por un momento a un costado para colaborar con una causa común.

Escuelas, clubes, instituciones y vecinos también organizaron colectas y diferentes iniciativas para acompañar al Hogar.

Detrás de cada una de aquellas actividades había algo que caracterizó durante años a la Asociación: una extensa red solidaria construida alrededor de una institución que era sentida como propia por buena parte de la localidad.

Los últimos años

El funcionamiento comenzó a cambiar con el paso del tiempo. En 2018, ante la jubilación de trabajadores y la disminución de la cantidad de residentes, se estableció una nueva modalidad para el Hogar.

El inmueble fue entregado mediante un comodato, aunque las Damas de Beneficencia continuaron existiendo como Asociación. La entidad mantuvo sus socios, realizó asambleas, presentó balances y renovó sus autoridades.

Incluso durante 2025 permanecía formalmente activa, con María Angélica Rebollo como presidenta y Gloria Maris Ripi como secretaria.

Hasta que llegó la decisión definitiva.

El 31 de julio de 2026, reunidas en Asamblea Extraordinaria, sus integrantes resolvieron la disolución de acuerdo con lo establecido en el Estatuto Social.

Comenzó entonces el proceso de liquidación y quedó pendiente una cuestión que deberá resolverse dentro de ese procedimiento: el destino final del patrimonio perteneciente a la Asociación, incluido lo que corresponda respecto de sus bienes.

Una institución que ya pertenece a la memoria del pueblo

La desaparición formal de una institución no borra todo lo que ocurrió antes.

Quedan las mujeres que alguna vez integraron sus comisiones. Las reuniones. Las campañas. Los beneficios. Los vecinos que colaboraron. Los clubes que organizaron actividades. Las escuelas que acercaron donaciones. Los adultos mayores que encontraron allí un lugar donde vivir y ser acompañados.

Y queda, especialmente, una historia que comenzó cuando Eduardo Castex todavía estaba construyendo buena parte de las instituciones que hoy forman parte de su vida cotidiana.

Desde aquella Sala de Primeros Auxilios inaugurada en 1936 hasta las largas décadas vinculadas al Hogar de Ancianos, las Damas de Beneficencia estuvieron presentes en distintos momentos de la evolución social y sanitaria de la localidad.

Casi un siglo después, la Asociación dejó de existir formalmente. Su nombre, sin embargo, seguirá apareciendo cada vez que se reconstruyan aquellos años en los que muchas de las necesidades de un pueblo se resolvían gracias al esfuerzo colectivo y a vecinos que simplemente decidían organizarse para ayudar.

Ese es, probablemente, el legado más importante que dejaron las Damas de Beneficencia de Eduardo Castex.