Hay sueños que comienzan casi sin darnos cuenta. A veces nacen de una actividad compartida en familia, de una curiosidad o de algo que simplemente nos hace felices. Después llega el momento de decidir si esos sueños quedarán como un recuerdo o si vale la pena arriesgarse para convertirlos en realidad.
Matías García eligió intentarlo. Y hoy, a miles de kilómetros de Eduardo Castex, puede decir que está viviendo de aquello que verdaderamente le apasiona: bailar.
Tiene 21 años y una historia que merece ser contada. No solamente por el destino al que llegó, sino por el camino que recorrió para hacerlo. Porque detrás de cada presentación, de cada coreografía y de cada aplauso, hay un joven que dejó su lugar de origen para buscar nuevas oportunidades.

De una clase de zumba a descubrir su verdadera pasión
Matías creció en Eduardo Castex, donde transcurrió prácticamente toda su infancia y adolescencia. Fue alumno de la Escuela N.º 227, donde realizó el jardín de infantes y la primaria, y posteriormente continuó sus estudios en el Colegio Licenciado Hugo Peinetti.
Como tantos chicos de su edad, comenzó practicando fútbol. Sin embargo, la vida tenía preparados otros caminos.
Fue a través de su hermana que se acercó a las clases de zumba. Aquella experiencia, que en principio parecía una actividad más, terminó despertando un interés que con el tiempo se transformaría en su gran pasión.
Durante la adolescencia decidió que quería ir más allá. No le alcanzaba con bailar por entretenimiento: quería aprender, perfeccionarse y descubrir hasta dónde podía llegar.
Así apareció Buenos Aires en su horizonte. Alrededor de los 15 años decidió buscar allí nuevas posibilidades de formación y crecimiento artístico.
No fue solamente un cambio de ciudad. Fue comenzar a construir un proyecto de vida alrededor de algo que realmente disfrutaba.

Una audición, un mensaje y un destino inesperado
Durante su formación, Matías fue encontrándose con distintas oportunidades. Algunas quedaron en el camino, pero otras terminaron marcando un antes y un después.
Una de ellas apareció este año, mientras miraba las redes sociales.
Encontró una convocatoria para bailarines que ofrecía la posibilidad de trabajar en Egipto. Sin saber demasiado sobre lo que podía suceder, decidió presentarse a la audición.
Y entonces llegó el mensaje que cambiaría sus planes.
«De un día para otro me mandaron un mensaje y me dijeron: el 13 de julio vos viajás para Egipto», recordó durante la entrevista con El Castense.
La noticia trajo una mezcla de emociones. Alegría, ansiedad, nervios y la necesidad de organizar en muy poco tiempo un viaje que nunca había imaginado tan cercano.
Preparar el pasaporte, armar las valijas y despedirse de sus afectos se convirtieron en parte de una aventura que recién comenzaba.
Una empresa egipcia lo había seleccionado para integrar un elenco de seis bailarines argentinos, conformado por dos varones y cuatro mujeres.
Matías era el único representante de La Pampa.

Vivir de la danza, a miles de kilómetros de casa
Su destino fue Sharm el Sheikh, una ciudad turística de Egipto, donde actualmente desarrolla su actividad profesional.
Allí, su rutina gira alrededor de los ensayos, las coreografías y las presentaciones artísticas en diferentes hoteles.
El espectáculo que integra combina distintos estilos musicales y de danza: reggaetón, ritmos urbanos, salsa, dancehall y hip hop, entre otros.
El show tiene una duración aproximada de 28 minutos y requirió una intensa preparación para lograr la coordinación del grupo.
Además de las presentaciones con sus compañeros argentinos, participa en espectáculos de mayor producción, donde comparte escenario con bailarines de otras nacionalidades.
En uno de los hoteles donde trabaja habitualmente, el elenco llega a reunir a 27 artistas.
Su actividad se desarrolla prácticamente todos los días de la semana, con los sábados destinados al descanso.
«Hace casi cuatro meses que estoy viviendo acá, laburando de lo que a mí me gusta, que es el baile. Es una oportunidad muy linda y estoy muy feliz y agradecido», expresó.
Para Matías, uno de los aspectos más valiosos de esta experiencia es que le permite dedicarse profesionalmente a lo que antes era solamente un sueño.
Y eso, más allá de cualquier otro beneficio, representa una enorme satisfacción personal.
Un mundo nuevo por descubrir
Vivir en Egipto también significó enfrentarse a una realidad completamente diferente de la que conocía.
El idioma, las costumbres, la alimentación, el clima y las formas de relacionarse fueron parte de un proceso de adaptación que continúa día a día.
La experiencia le permitió conocer personas de distintos países, entre ellas bailarines y trabajadores provenientes de Brasil, Rusia e Inglaterra.
También encontró momentos para descubrir algunos de los atractivos de la ciudad, como Old Market, sus espacios comerciales y sus playas.
Entre los lugares que todavía tiene pendientes aparece uno de los grandes símbolos de Egipto: las pirámides.
Conocerlas forma parte de los nuevos objetivos que se propuso durante su estadía.
En lo laboral, las condiciones también le permitieron alcanzar una mayor estabilidad económica. La empresa le proporciona parte de la alimentación y su trabajo le ofrece posibilidades que valora especialmente.
Su contrato inicial tiene una duración de seis meses, aunque existe la opción de renovarlo y prolongar la experiencia.
Por ahora, el joven castense disfruta del presente y mantiene abiertas las puertas a lo que pueda venir.
Lo que más se extraña siempre está en casa
Pero cumplir un sueño también tiene su contracara.
La distancia se hace sentir, especialmente cuando llegan esos momentos que forman parte de la identidad y de los afectos.
En Eduardo Castex permanecen su mamá, Soledad García; su padrastro, Jonathan Torres; su abuela Susana y otros integrantes de su familia.
También están los amigos, los recuerdos y una parte importante de su historia.
Cuando le preguntamos qué es lo que más extraña de Argentina, Matías no necesitó pensar demasiado.
«Los domingos de juntarme en familia y comer asado», respondió.
Una frase sencilla que resume mucho de lo que significa vivir lejos.
Porque se pueden conocer nuevos lugares, descubrir otras culturas y alcanzar metas que alguna vez parecían imposibles, pero hay cosas que siguen teniendo un valor especial.
Una mesa familiar, un domingo compartido, los amigos de siempre y esa sensación de estar en casa.
Son pequeños momentos que, cuando se vive a miles de kilómetros, adquieren una dimensión diferente.
Los sueños se cumplen cuando uno se anima
Durante la charla hubo una reflexión de Matías que seguramente representa el sentimiento más profundo de esta experiencia.
«A pesar de que dije que no iba a lograr casi nada, acá estoy», expresó con una felicidad que se percibía en sus palabras.
Y quizás allí esté la verdadera esencia de su historia.
Porque no se trata solamente de haber llegado a Egipto, de participar en espectáculos internacionales o de poder vivir de la danza.
Se trata de haber confiado en una pasión, de haberse animado a dejar atrás lo conocido y de descubrir que los sueños pueden empezar a cumplirse cuando uno decide ir a buscarlos.
A sus 21 años, Matías sabe que todavía tiene mucho camino por recorrer. Quiere seguir aprendiendo, conociendo lugares y aprovechando las oportunidades que puedan aparecer.
Hoy, mientras se prepara para una nueva presentación en algún hotel de Sharm el Sheikh, lleva consigo una historia que comenzó muchos años atrás, en las calles de Eduardo Castex.
La de aquel chico que jugaba al fútbol, que un día descubrió el baile junto a su hermana y que terminó encontrando en la danza una forma de vivir, trabajar y conocer el mundo.
Desde Eduardo Castex hasta Egipto, Matías García demuestra que el lugar donde nacemos no determina hasta dónde podemos llegar.
Y mientras los escenarios del mundo le abren nuevas puertas, en su pueblo queda el orgullo de ver a otro joven castense animarse a construir su propio destino.
Una nueva historia de castenses por el mundo. Una historia de sueños, perseverancia y metas alcanzadas. Pero, sobre todo, la historia de alguien que encontró aquello que lo hace feliz y tuvo el coraje de ir detrás de ello.
