Hay historias que no cambian de un día para otro. Se construyen lentamente, con decisiones pequeñas, días buenos, momentos difíciles y la perseverancia necesaria para volver a empezar cada vez que hace falta. La de Fernando Casalegno es una de ellas. En marzo de 2024, CastexOnline contó por primera vez públicamente su transformación. Fernando había atravesado una cirugía en octubre de 2022 con el objetivo de reducir su peso corporal y comenzaba a transitar una etapa completamente distinta de su vida. Había incorporado una alimentación más organizada, caminatas, actividad física y acompañamiento profesional. Por entonces hablaba de cerca de 50 kilos menos y acababa de cumplir un desafío que, poco tiempo antes, parecía muy lejano: correr 10 kilómetros.
Aquella mañana del 24 de marzo de 2024, durante una fecha de La Pampa Corre en Eduardo Castex, no estaba preocupado por el reloj ni por una posición. Su objetivo era mucho más sencillo y, al mismo tiempo, enorme: llegar. Antes de aquella carrera reconocía que no le importaba cuánto tiempo pudiera demandarle, sino completar el recorrido. Y lo consiguió. Lo que probablemente no imaginaba entonces era todo lo que vendría después, porque aquella experiencia que comenzó casi como una prueba personal terminó abriendo la puerta a un vínculo cada vez más fuerte con el running.
Después de esa primera competencia llegaron otras carreras y, unos meses más tarde, en septiembre de 2024, aparecieron sus primeros 21 kilómetros en Eduardo Castex. Para ese momento, correr ya empezaba a ocupar otro lugar en su vida. Fernando se incorporó al grupo Capitano Running, bajo la conducción de Hugo Gebruers y Rocío Sueldo, y comenzó a participar en algunas de las últimas fechas del campeonato de aquella temporada. La actividad dejó de ser solamente una herramienta vinculada al descenso de peso y comenzó a transformarse en una rutina, un compromiso y también en un espacio de pertenencia.

Durante 2025, los entrenamientos se hicieron más constantes e intensos. A la preparación con el grupo sumó además trabajo de gimnasio junto a Mauro Carrizo y completó todo el campeonato Pampa Corre. También participó en otras competencias, entre ellas el Desafío de Parejas de Toay, en modalidad trail running, y diferentes pruebas en General Pico. Ese mismo año debutó en los 21 kilómetros de A Pampa Traviesa, una carrera que recuerda especialmente no solo por el desafío deportivo, sino también por los encuentros que genera. Allí volvió a cruzarse con antiguos compañeros del colegio, como Darío Rodríguez, y con numerosos castenses que participaban corriendo o acompañando desde afuera del circuito.
Uno de los mayores desafíos llegó el 14 de septiembre de 2025, cuando se presentó por primera vez en la ultramaratón de Santa Rosa, en la modalidad de seis horas. Cuando terminó la prueba había recorrido 42,28 kilómetros. Para Fernando fue una de esas experiencias que marcan un antes y un después, no solamente por la distancia alcanzada sino por haberla compartido junto a integrantes del grupo. Aquel año terminó con 17 competencias realizadas, una cifra que mostraba hasta qué punto el running se había convertido en una parte estable de su vida cotidiana.

En 2026 volvió a disputar el campeonato Pampa Corre y sumó nuevas experiencias. A comienzos de año viajó junto a integrantes de Capitano Running hasta Las Albahacas, Córdoba, donde debutó en una carrera de trail running de montaña sobre una distancia de 21 kilómetros. Más tarde regresó a los 21K de A Pampa Traviesa y también participó de los 21 kilómetros de la carrera aniversario de Eduardo Castex. Desde aquel primer desafío del 24 de marzo de 2024 hasta septiembre de 2026, Fernando acumula 35 carreras, aunque cuando repasa el camino recorrido, los puestos, las medallas y los tiempos aparecen en un segundo plano.
Después de la cirugía consiguió sostener el cambio que había iniciado, aunque con el tiempo también aprendió a encontrar un equilibrio. Continúa cuidando su alimentación, entrenando y realizando actividad física, pero reconoce que ya no vive los momentos sociales con las restricciones de los primeros meses. Hoy puede compartir una cena, disfrutar durante un viaje, tomar una gaseosa o una copa, o comer algo dulce sin sentir que eso significa abandonar todo lo logrado. Para él, la clave está en equilibrar la actividad física con una alimentación ordenada y una vida que también permita disfrutar.
“Soy partidario y recalco siempre el tema del movimiento. No hay dieta mágica en esto”, sostiene Fernando. Y lo dice desde la experiencia de quien conoce las dificultades del comienzo. “Estuve del otro lado. Es difícil arrancar. Es hacer el clic. No es solamente poner voluntad, es hacer el clic, tener la fuerza y también el acompañamiento”. Dentro de ese proceso destaca especialmente el trabajo de su nutricionista, Carolina Homman, quien, según explica, le brindó herramientas fundamentales para modificar sus hábitos. También entendió que el cambio físico era solamente una parte y que cuestiones como la ansiedad, los nervios y el bienestar emocional tenían un peso igualmente importante.
En ese punto apareció el deporte con otro significado. Para Fernando, correr dejó de ser solamente una actividad física. “Para mí correr o salir a caminar es terapia, más allá de las competencias y los desafíos”, resume. El running se convirtió en una forma de despejar la cabeza, ordenar pensamientos, mantenerse activo y sentirse mejor. Y al mismo tiempo se transformó en una actividad compartida, porque buena parte de todo este camino estuvo acompañada por el grupo Capitano Running.

Fernando destaca especialmente el acompañamiento de Hugo Gebruers y esas palabras que aparecen cuando la motivación baja. Los mensajes para preguntar por qué no fue a entrenar, para insistirle, para empujarlo a salir aun en esos días en los que cuesta más, terminan generando compromiso. “El acompañamiento del grupo es fundamental. Esa constancia te va generando también una responsabilidad”, explica. Como le ocurre a cualquier persona, hay semanas de más entrenamiento y otras condicionadas por el trabajo, las obligaciones o el cansancio. La diferencia, asegura, está en volver y en hacerse siempre un momento para mantenerse activo.
A medida que se acerca a los 50 años, Fernando tiene cada vez más claro cuál es el verdadero objetivo. No corre solamente buscando una fotografía cruzando una meta ni por una cuestión estética. “Lo hago por salud, para llegar a una vejez lo más sano posible”, sostiene. La frase sintetiza buena parte de su transformación. Aquella primera caminata por el barrio, el gimnasio, los primeros diez kilómetros, las medias maratones, la montaña y los 42 kilómetros de una ultramaratón forman parte de una misma historia: la de alguien que tomó una decisión, encontró acompañamiento y consiguió sostenerla a lo largo del tiempo.

Para 2027, paradójicamente, su idea es correr menos. Pero no significa abandonar desafíos, sino elegirlos mejor y prepararlos con mayor tiempo. Entre sus objetivos aparece participar en la ultramaratón de General Pico, después de no haber podido hacerlo este año, y comenzar durante el verano una preparación específica para esa competencia. También tiene otro sueño marcado: los 21 kilómetros de Buenos Aires, una prueba sobre la que varios compañeros ya le hablaron por el clima, la multitud y la experiencia que genera correr en un escenario diferente.
Además, imagina participar en algunas competencias en Córdoba y conocer lugares donde todavía nunca corrió. Lo que no piensa modificar es el vínculo con el grupo y la constancia del entrenamiento. Los desafíos podrán cambiar, las distancias también y habrá años con muchas carreras y otros con menos, pero el movimiento seguirá formando parte de su vida.

Más de dos años después de aquella mañana en la que se colocó un número en el pecho con un único propósito —llegar—, Fernando Casalegno descubrió que aquella meta era apenas el comienzo. Ese primer 10K del 24 de marzo de 2024 no fue solamente una carrera. Fue el punto de partida de una nueva forma de vivir, de cuidarse y de relacionarse con su propia salud.
