Hay nombres que permanecen ligados para siempre a una época del deporte de un pueblo. En Eduardo Castex, uno de ellos es el de Hernán Becerril, protagonista de una generación que durante la década del ’90 llevó al atletismo local a competencias provinciales, nacionales e internacionales.
Su historia comenzó casi de casualidad, cuando todavía era un chico de 13 años. Detrás de aquel inicio apareció una figura fundamental: Alfredo Daratha, histórico entrenador del atletismo castense, quien vio condiciones en aquel joven y lo incentivó a comenzar a entrenar. Con el paso de los años, aquella decisión terminaría abriendo una de las carreras deportivas más destacadas surgidas de Eduardo Castex.
Entre 1992 y 1999, Becerril construyó una trayectoria cargada de títulos, viajes y experiencias. Compitió en velocidad, salto en largo y salto triple, llegó a consagrarse campeón argentino y representó a La Pampa y al país en competencias que marcaron definitivamente su juventud.
De Castex a competir entre los mejores del país
Uno de los momentos más importantes llegó en 1995. Becerril se consagró campeón nacional intercolegial en los 100 metros y en salto en largo, resultados que le permitieron competir posteriormente en el Sudamericano Intercolegial, donde consiguió dos medallas de plata.
Un año después, en 1996, sumó otro logro de enorme importancia al convertirse en campeón nacional de salto triple.
A esos resultados se agregaron múltiples títulos en los Juegos de la Araucanía, una competencia que ocupa un lugar especial entre sus recuerdos. Becerril participó en siete ediciones consecutivas, algo poco habitual para un deportista juvenil.
“Empecé con 13 años y participé en siete Juegos de la Araucanía seguidos. Más allá de los resultados, me quedo con las experiencias y las amistades que me dejó el deporte”, recordó años después.
Detrás de cada medalla hubo entrenamientos, viajes y una estructura deportiva mucho más modesta que la actual. Becerril surgió del semillero de la Asociación Norteña de Atletismo y se convirtió en uno de los representantes más importantes que tuvo Eduardo Castex durante aquellos años.
Alfredo Daratha, el hombre que vio algo diferente
Cuando habla de su carrera, Becerril inevitablemente vuelve al nombre de Alfredo Daratha. No solamente porque fue su entrenador, sino porque fue quien lo acercó al atletismo y lo convenció de que podía competir.
Décadas después, al reencontrarse públicamente durante un homenaje realizado en la pista del Club Estudiantil, Becerril resumió aquella relación con una frase cargada de afecto.
“Acá tenemos a Alfredo, el culpable principal de todo esto. Fue quien me descubrió y me incentivó a hacer atletismo. Todo lo que hice en este deporte se lo debo a él”, expresó.
Daratha formó parte de una etapa especialmente recordada del atletismo castense, cuando numerosos jóvenes de la localidad comenzaron a competir dentro y fuera de La Pampa. Becerril terminó siendo uno de los nombres que llegaron más lejos dentro de aquel semillero.
La espina de los Juegos Olímpicos
Los resultados hicieron que el joven castense comenzara a mirar cada vez más lejos. Había competido a nivel nacional, participado de Sudamericanos y enfrentado a algunos de los mejores atletas de su generación.
Pero su carrera terminó antes de poder intentar alcanzar el sueño mayor.
“Me hubiese gustado seguir un poco más y tratar de llegar a unos Juegos Olímpicos. Esa fue la espina que me quedó, aunque tuve la posibilidad de competir en Sudamericanos y eso también fue muy importante”, reconoció.
El paso del tiempo le permitió observar aquella etapa desde otro lugar. Los títulos siguen teniendo valor, pero Becerril asegura que los viajes, las personas que conoció y las amistades construidas alrededor de las pistas terminaron siendo tan importantes como las medallas.

El reconocimiento que llegó muchos años después
En julio de 2026, durante una fecha de la Liga Norteña de Atletismo disputada en Eduardo Castex, la Municipalidad decidió reconocer públicamente su trayectoria.
El homenaje lo sorprendió. Habían transcurrido muchos años desde aquellas tardes de entrenamientos y competencias.
“Cuando hablé con Sacha me sorprendió que se acordaran de uno después de tantos años. Realmente fue un honor”, confesó.
El momento adquirió todavía mayor significado porque allí estaba nuevamente Alfredo Daratha. Entrenador y atleta volvieron a encontrarse en una pista, pero esta vez sin cronómetros, marcas ni competencias de por medio.
“Uno se hace el duro, pero sí… te trae muchos recuerdos. Hacía rato que no me sentaba a charlar con Alfredo y volver a ver gente de esa época hace que se te piante un lagrimón”, reconoció Becerril.
Aquel chico que comenzó a entrenar con apenas 13 años terminó recorriendo pistas de distintos puntos del país, participando en Sudamericanos y acumulando títulos que lo colocaron entre los atletas más destacados que dio Eduardo Castex.
Los Juegos Olímpicos quedaron como aquella meta que no pudo alcanzar. Pero varias décadas después, su nombre continúa apareciendo cuando se repasa la historia del atletismo castense. Y quizás allí esté uno de sus mayores logros: haber conseguido que, mucho tiempo después de su última competencia, el pueblo todavía recuerde hasta dónde llegó aquel joven que alguna vez empezó a correr y saltar de la mano de Alfredo Daratha.
